
Los personajes no son maniqueos: manipulan y son manipulados. Aman (muy a pesar de Coco), desprecian, mienten. Son ambiguos. Dicen frases que pueden ser vanguardia o tosca manipulación: "El matrimonio es sólo una convención" (de Capel a Chanel, cuando acuerdan ser simplemente amantes). Coco, versión Fontaine, es rebelde, indómita, incómoda. Pero, además, débil, detrás de su energía de sobreviviente: mucho más que un ícono feminista. Audrey Tautou convence -esta vez- con su personaje vital y amargo, que no demanda compasión. Poelvoorde es extrovertido, irónico, decadente, seguro de sí mismo, de su posición social, hasta que lo celos alteran su festiva indolencia. Nivola es más callado, delicado, seductor: igualmente ambiguo. Si alguien busca un fresco sobre el mundo de la moda, se equivoca de película. Con sus imperfecciones, Coco..., está hecha de piel y sangre, de material áspero, humano
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